Hay una magia que es capaz de transformar las cosas huyendo del artificio, una magia que juega con las cosas sencillas, que encuentra los nexos de unión perfectos entre lo que ya existe en la naturaleza, que estimula la capacidad creativa y parece que de repente todo es nuevo.
Si hace poco hablaba de las delicias que nos sorprendieron en el restaurante japonés Maguro, ahora tengo que referirme a la auténtica inspiración que envuelve la carta de otro japonés, también en Santa Cruz de Tenerife, el Kazan.
Lo que me encanta de la cocina japonesa es precisamente su capacidad para mantener la nitidez de los sabores, la transparencia de cada aroma pero con este menú advertí también cómo esa misma pureza adquiere una versatilidad increíble si se ajusta el nivel de sofisticación de los platos dejándolos en el vértice del equilibrio.


Todos los platos que compusieron el menú merecerían un comentario, la ensalada de algas, marisco y calamar, puro frescor, el tartar de atún picante con el subidón explosivo y potente del wasabi, el makiroll tempura con huevas de pez volador, suave y crujiente, el maki asakusa, con el dulzor del mango restando densidad al salmón... el pastel helado de té verde...
Pero los dos bocados que me hablaron de pura inspiración culinaria fueron el nigiri de salmón con lima y el nigiri de pez mantequilla y trufa, ambos envolventes y de amplísimos matices. El de salmón hay que tomarlo primero, su muselina de lima quemada es una seda para el paladar; el de pez mantequilla y trufa se apropia de todos los sentidos, es como un estímulo global que se merece todos los aplausos.
No hace falta que recomiende su visita. Yo misma, después de escribir esto y recordar los platos ya estoy deseando volver.
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