
quién se imagina un país dentro de otro y de esas proporciones, que además sea el estado más antiguo del mundo. estos temas geográfico-políticos siempre me han intrigado. aprovechando la coyuntura de que íbamos a estar por los alrededores lo incluí en el itinerario. en cuanto nos íbamos acercando y los polígonos industriales y outlets iban desapareciendo, fuimos viendo la bandera blanca y azul. lo que me extrañaba, es que muchas de ellas venían acompañadas de la vaticana, y aunque uno sea respetuoso con estos temas dentro de lo posible, un mini repelús se instaló en mi interior -tengo urticaria a todo lo que tiene que ver con la jerarquía eclesiástica-. me gustó la idea de que el ombligo o capital de un país estuviera instalada en lo más alto del mismo. un país con forma de merengue o suspiro. con la entrada al hotel nos enteramos de que el papa también había escogido ese día para visitar el país, ¡menuda suerte la mía! pero bueno, nos lo tomamos con humor y mientras el entretenía a sus feligreses nosotros dormimos la siesta. al despertar, tres tercios de la gente de cuando llegamos había desaparecido. habrían bajado a los valles del país? lo cierto es que dimos un paseo bajo la tenue luz del atardecer, aún quedaba algo de la tropa -talluditos y orgullosos- que se había encargado de dar las salvas de bienvenida al pontífice; conocimos por algunas esculturas conmemorativas que los nazis habían dejado un intenso bombardeo sobre la colina y disfrutamos de las hermosas vistas desde algunos puntos de la fortaleza. para cenar, y entre las opciones que teníamos, nos decidimos por el restaurante que nos pareció con más encanto cantina di bacco. aunque la comida fue solo correcta, el lugar era precioso y agradable. al día siguiente, dejamos san marino por una carretera comarcal enmarcada de viñedos.
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